Debido, vendido, regalado: el testamento de Diego de Sosa, ministril, y la música de las monjas de la Concepción de Quito (1623)

Por Fernando Herrera de las Heras <fherrera@onirica.com>

Publicación indexada de este artículo en formato pdf: https://doi.org/10.5281/zenodo.23961487

Introducción

El 3 de junio de 1623, ante el escribano Álvaro Arias, Diego de Sosa hizo testamento en Quito. Se declaraba «residente en esta ciudad de San Francisco del Quito del Piru», natural de la villa de Berzocana, «en los reynos de España», soltero y «enfermo de la enfermedad que Dios nuestro señor a sido servido de me dar»1. Había salido de su patria siendo «muchacho de poca edad» y cuando estaba dictando testamento aún no habría cumplido los treinta años2.

Era en aquel momento ministril de la catedral de Quito, aunque había tocado en las catedrales de México y Puebla antes de seguir viaje hacia «los reinos del Perú». Casi todo lo que poseía tenía que ver con su oficio: un bajón, un bajoncillo, una chirimía, dos cornetas y sus papeles de música. Dos de esos bienes los destinó a religiosas del convento de la Concepción de la ciudad. A Ana de San Juan, monja de la casa, le había cobrado treinta y cinco pesos por un bajoncillo nuevo que no llegó a entregarle, así que dispuso que se le diera en su lugar «el baxonçillo pequeño». A la vicaria del convento, Joana de San Bartolomé, le dejó un regalo de agradecimiento:

Quiero y es mi boluntad que un libro de musica que tengo aforrado en pergamino de tonos y billançicos se de a J[uan]a [de San] Bartolome, monja del dicho convento de la Conçepcion desta ciudad y bicaria del, por el bien que me a hecho durante el tiempo de mi enfermedad.

Testamento de Diego de Sosa: el bajoncillo para Ana de San Juan y el libro de tonos y villancicos para Joana de San Bartolomé. Quito, 3 de junio de 1623. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 67, f. 428v.

El resto del testamento es, sobre todo, una relación de deudas y empeños que evidencia la situación precaria en la que se encontraba cuando dictaba sus ultimas voluntades.

¿Qué revela este testamento sobre la circulación de música, instrumentos y enseñanza hacia la clausura, y sobre las relaciones económicas que la hicieron posible? La trayectoria de Sosa vincula esa circulación con la movilidad del oficio de ministril y con la suma de actividades que lo sostenían: el servicio catedralicio, las lecciones y la venta de instrumentos. Su testamento recoge tres relaciones distintas con religiosas: una deuda por lecciones e instrumentos, una compra pendiente de entrega y un regalo de agradecimiento.

La vida musical de la catedral de Quito se conoce sobre todo por el trabajo pionero de Robert Stevenson, basado en los libros del cabildo, y por la revisión reciente de Jesús Estevez Monagas, que ha ampliado el panorama con documentación ajena a la catedral3. La música del convento de la Concepción ha sido estudiada por Francisco Xavier Calle Armijos, que ha catalogado los cartapacios del archivo conventual y ha reconstruido, a partir del libro de fundación y del de profesiones, quiénes fueron las vicarias de coro, las cantoras y las compositoras de la casa4.

El testamento de Sosa añade a este panorama lo que los cartapacios no registran: quién enseñaba a las monjas y les vendía instrumentos, cómo se pagaban esos servicios y por qué un libro de música podía acabar en manos de una religiosa. Leído junto con las escrituras notariales y las actas capitulares de México y Puebla, sitúa estos tratos en la trayectoria de un mismo ministril.

De Berzocana a Quito

Diego de Sosa nació, según sus propias palabras, en la villa de Berzocana de San Fulgenio, jurisdicción de la ciudad de Trujillo, obispado de Plasencia5. Sus padres eran Francisco de Sosa y María Florentina Fernández (o Hernández)6. De ellos recibió en herencia dos casas, viñas, olivar y tierras de labor, todas en Berzocana.

Una libranza de pago de la catedral de Guatemala registra en la década de 1610 a un ministril llamado Diego de Sosa que podría ser nuestro músico78.

No sabemos exactamente cuando llegó a la ciudad de México, pero en junio de 1619 llevaba ya un tiempo como ministril al servicio de la Catedral Metropolitana de México, según se desprende de un acta del cabildo que recoge un aumento de su salario9:

A Diego de Sossa y a los otros dos ministriles nuevos, sus compañeros, se les acrecentó su salario cincuenta pesos de oro común más, a cada uno, sobre los ciento y cincuenta que hasta hoy ha[n] tenido; y lo gocen desde hoy en adelante.

En octubre de ese mismo año era recibido como ministril de la catedral de Puebla. Si en la capital virreinal Sosa había visto aumentado su salario de ciento cincuenta a doscientos pesos, al cambiarse a Puebla pasaba a cobrar trescientos10:

Se recibió por ministril de esta santa iglesia [a] Diego de Sosa, con salario de trescientos pesos por año, el cual le corre desde primero de octubre de este año, con obligación de acudir con la capilla y con los ministriles.

El traslado coincidió con un cambio en las condiciones de la capilla de México. El 3 de septiembre de 1619 el cabildo prohibió que la capilla, o sus músicos «en forma de capilla», fueran sin licencia expresa del cabildo pleno «a ninguna obvención de entierro, honras, fiesta ni otra solemnidad», con pena de veinte pesos la primera vez, el doble la segunda y el despido la tercera11. Las obvenciones eran el ingreso que los músicos sumaban al salario12. Sosa pasó a Puebla al mes siguiente, con una mejora de cien pesos anuales, en un momento en que el cabildo mexicano restringía esos ingresos extraordinarios. En diciembre, después de su marcha, el cabildo de México recibió a un nuevo ministril de corneta con trescientos pesos y la obligación de servir tres años seguidos, y mandó que los demás ministriles contrajeran la misma obligación a principios del año siguiente13.

Cuando llevaba unos pocos meses en la Puebla de los Ángeles, en enero de 1620, Diego de Sosa explicó ante el escribano las circunstancias que le llevaban a vender su herencia. Según su propio relato, había venido a la Nueva España con la intención de pasar a las provincias del Perú, adonde se disponía a marchar, y para hacer ese viaje necesitaba dinero, tanto para avituallarse como para pagar algunas deudas. Al verse imposibilitado de reunirlo, acudió a su paisano y primo tercero Joan Ximénez, vecino de la Puebla y natural también de Berzocana, que por hacerle amistad y buena obra le socorrió, sin que Diego pudiera devolverle lo prestado. Como pago le cedió los bienes que sus padres le habían dejado en la villa. Declaraba que su determinación era ir a los reinos del Perú y que no pensaba volver a Berzocana, de modo que esas propiedades no le rentaban nada. Las estimó en doscientos pesos de oro común, justo la cantidad que Ximénez le había adelantado14. El parentesco, que Sosa hizo constar al ratificar la venta en su testamento, se sumaba así al origen compartido en la relación de crédito que le permitió preparar el viaje. La afirmación de que siempre había querido pasar al Perú puede responder a las circunstancias del acto, que exigía justificar la venta de unos bienes lejanos, tanto como a un proyecto antiguo.

Firmas de Diego de Sosa en la venta de su herencia, Puebla de los Ángeles, enero de 1620 (izquierda), y en su testamento, Quito, 3 de junio de 1623 (derecha). Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 4, Protocolos de 1620, f. 339v; Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 67, f. 430r.

Entre enero de 1620 y junio de 1623 no se ha localizado ningún documento sobre Sosa. Para su etapa en la Audiencia de Quito disponemos, hasta ahora, de uno solo: el testamento. En él consta que servía en la catedral de Quito «conforme al consierto y asiento que conmigo esta hecho», que el cabildo le había prestado doscientos pesos y que tenía dos meses de salario pendientes de liquidar. A cuenta del préstamo debían entregarse y tasarse el bajón grande, la chirimía y una corneta; el resto se descontaría de aquel salario. Las relaciones, préstamos y amistades que recoge el testamento apuntan a una estancia en Quito más prolongada que esos dos meses15. El préstamo recuerda los adelantos concedidos por las catedrales de Puebla y México, aunque desconocemos sus condiciones. Antes de venirse a Quito, Sosa había estado en el Villar Don Pardo enseñando a tañer bajones a las monjas de la Concepción, como se verá más adelante.

El testamento es el inventario de un hombre endeudado. Un vestido estaba empeñado con un racionero, Miguel Sánchez Solmirón, que le había prestado dinero «para mis nesesidades», y un corte de chochuelo negro, con un escribano. Debía dinero a un canónigo, Juan de Quirós; a un vecino de Quito; al boticario; y al maestro de capilla de la catedral, el presbítero Francisco Coronel, al que deja además sus «papeles de musica sueltos y cartapacios». Las deudas llegaban hasta Puebla de los Ángeles: a un clérigo del que no recordaba el nombre, a un «don Pedro» del que no sabía «el sobrenombre» y al ministril Antonio de la Vega, «treynta o quarenta pesos de una fiança que hiso por mi».

La necesidad era tal que pidió a los boticarios que le habían atendido que moderasen sus cuentas «por la nesesidad y pobreza que tengo».

Bienes Destino Disposición del testamento
Bajón grande, chirimía y una corneta Catedral de Quito «por dusientos pesos que el cabildo della me presto»
Bajoncillo pequeño Ana de San Juan, monja de la Concepción de Quito «porque la suso dicha me dio treynta y sinco pesos de a ocho en reales por otro que yo le quise a dar nuebo»
Otra corneta Venta «y la corneta se benda»
Libro de música de tonos y villancicos, aforrado en pergamino Joana de San Bartolomé, vicaria de la Concepción de Quito «por el bien que me a hecho durante el tiempo de mi enfermedad»
Papeles de música sueltos y cartapacios Francisco Coronel, maestro de capilla de la catedral «se den al maestro de capilla de la catedral desta ciudad»
Lecciones de bajón y un terno de bajones, ya entregados Convento de la Concepción del Villar Don Pardo, que le debía parte del precio «me debe el dicho convento ochenta pesos que se cobren del»

Instrumentos, papeles y lecciones de música en el testamento de Diego de Sosa (1623)

Testamento de Diego de Sosa, op. cit., ff. 428r-429v.

La economía del oficio

Las condiciones en que Sosa trabajó se conocen mejor por los contratos, las actas y las escrituras de otros ministriles de Puebla y México. En ellas se repiten cuatro prácticas: el salario fijo por contrato, la competencia entre catedrales, el recurso al crédito y la suma de ingresos complementarios.

El cabildo de Puebla contrataba a sus ministriles ante escribano, por varios años y con un salario fijo: hacia 1599, seis años y trescientos pesos de oro común al año para tañer «chirimías, flautas, cornetas, sacabuches y bajones»16. El de México, el mismo 10 de junio de 1619 en que subió el salario a Sosa y a sus compañeros, acrecentó también el de otros tres músicos, con la condición de que aprendieran contrapunto en un año y sirvieran el Corpus, su octava y las demás fiestas solemnes «sin que por ello lleve estipendio alguno fuera del dicho salario»17.

Los ministriles se movían entre capillas, y las catedrales se los disputaban. Andrés de Pro pasó de la Capilla Real de Granada, donde sirvió entre 1601 y 1603, a la catedral de Guatemala y, en 1606, a la de Puebla18. En 1601 Félix de Morales, ministril de Puebla, pedía al cabildo que le resarciera por la prisión que había sufrido, acusado de haber «sonsacado los ministriles de la armada» para la catedral. En 1604, cuando Morales y otros ministriles servían en México, el cabildo poblano intentó atraerlos de vuelta, ofreciendo cuatrocientos pesos a Morales, trescientos cincuenta a Maldonado, y un asiento a Juan Bautista y a sus hijos19.

El crédito formaba parte de esa economía. En agosto de 1594 Bernardino Rodríguez llevaba días preso por una deuda. La catedral de Puebla le adelantó sesenta pesos a cuenta de su salario, con licencia del obispo, y Mateo de Arellano y otro ministril salieron fiadores20. En México, en las semanas que siguieron a la subida de salario de 1619, varios músicos pidieron adelantos de hasta un año de salario, con fianza o con la garantía de su prebenda21. Los compañeros respondían unos por otros, como había hecho Antonio de la Vega por Sosa en Puebla.

Las situaciones patrimoniales de los ministriles eran diversas. Antes de 1604 Félix de Morales había tenido casas en el barrio de San Andrés de Cholula, que su comprador revendió ese año por mil trescientos pesos22, más de cuatro veces el salario anual de un ministril de Puebla. Sosa, en cambio, conservaba en 1623 sus instrumentos y papeles de música, la ropa, en parte empeñada, y el ajuar de una habitación. Su situación al testar estaba marcada por las deudas que arrastraba desde Puebla y los gastos de la enfermedad.

Morales muestra también cómo un ministril de catedral sumaba al salario otros ingresos. En 1598 cobró ochenta pesos por copiar un libro «para el canto de los ministriles»; en 1600, cincuenta por enseñar a tañer la corneta al hijo de Juan Bautista; y en 1603 el cabildo le compró un bajón y le pagó por copiar ocho Magnificat de Cristóbal de Morales23. En 1606, al recibir a Andrés de Pro, la catedral dispuso que él y los demás ministriles tomaran lección con Morales dos veces por semana24. La copia está documentada para Morales; con Sosa podemos seguir las otras dos actividades, la enseñanza y la venta de instrumentos, en sus tratos con los conventos.

Música e instrumentos para la clausura

El oficio cantado era la principal obligación de las religiosas de coro. En los conventos de clausura, lo habitual era que las propias monjas se encargaran de la música: cantaban las voces de la polifonía y tocaban instrumentos como el órgano, el arpa o el bajón para solemnizar los oficios y las fiestas.

Patio interior del monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito. Fotografía: Donrembe, 2024, Wikimedia Commons, CC0.

Los conventos podían formar a sus propias religiosas mediante maestros contratados o admitir, con exención o rebaja de dote, a mujeres que ya poseían capacidades musicales25. En la Concepción de Quito el segundo procedimiento está documentado varias décadas después de los tratos de Sosa con la comunidad. En 1677 el obispo Alonso de la Peña Montenegro rebajó la dote a Bernarda Coronado de Benalcázar porque el coro estaba «nesesitado de oficiales musicas y cantoras» y ella «es muy diestra en el organo y […] sabe de conposision»26. El obispo y la comunidad contaron sus conocimientos de composición entre los motivos para admitirla. Las fuentes musicales de la casa conservan obras firmadas con seudónimos de religiosas, como «La Garapiña», «La Chomba» o «La Chiso»27. Calle Armijos identifica a «La Garapiña» con Catalina de San Pedro, que profesó en 1659, mientras que la identidad de las demás sigue sin aclarar.

La enseñanza de las religiosas por maestros externos aparece contemplada ya en la visita de 1619 a la Concepción de Quito. El obispo fray Alonso de Santillán ordenó entonces que las monjas no pudieran «cantar ni tañer ni baylar en locutorios, grada ni puerta reglar delante de seglar, asi ombre como mujer, en manera alguna, sino es tomando licion con licencia de la prelada»28.

En abril de ese mismo año de 1619, otro de los conventos de Quito, el de Santa Catalina de Sena, contrató a Blas de Torres, músico del que no se conoce afiliación, para que enseñara a doce monjas, seis de ellas «a tocar baxones y rabeles [?] y una que toque tecla de organo, otra harpa y otra flauta, porque sirvan el coro del dicho convento». Torres daría lección todos los días, «dos oras o las mas que fueren menester, como [es?] la costumbre en los maestros deste arte», durante un año o el tiempo que hiciera falta «hasta que queden diestras para oficiar los oficios divinos en el dicho coro competentemente». Si las dejaba sin acabar de enseñar, perdería el salario y devolvería lo cobrado29.

Debido: las monjas de Riobamba

El convento de monjas de la Concepción del Villar Don Pardo (actual Riobamba) contrató a Sosa para enseñar a tañer bajones a cuatro religiosas durante dos meses, a razón de cuarenta patacones al mes, y le compró un terno de bajones, «tiple, contraalto, tenor y baxo», en ciento ochenta pesos. A cuenta de las lecciones y de los instrumentos había recibido ciento cuarenta pesos de a ocho, y según el testamento «les di licion a las dichas monjas un mes antes o mas que me vine». En 1623 el convento le debía todavía ochenta pesos.

Patacón y peso de a ocho designan la misma moneda. Las cantidades del testamento encajan con una liquidación de un mes de enseñanza: ciento ochenta pesos por los instrumentos más cuarenta por las lecciones, menos los ciento cuarenta recibidos, dejan los ochenta reclamados. La cuenta favorece esa lectura de «un mes antes o mas que me vine», aunque desconocemos en qué condiciones terminó el concierto.

El contrato de Riobamba era más corto y más limitado que el de Blas de Torres: cuatro monjas en lugar de doce, dos meses en lugar de un año o el tiempo que hiciera falta, y un solo instrumento, el bajón, del que Sosa vendió además al convento un juego completo.

En este concierto, la enseñanza y el suministro de instrumentos formaban parte de una misma relación profesional. El convento compró un terno completo, del tiple al bajo, y contrató la enseñanza de cuatro religiosas, tantas como instrumentos tenía el juego. Sosa obtenía ingresos de ambas actividades, y al testar el convento aún le debía ochenta pesos, cuya cobranza encargó a su albacea.

Vendido: Ana de San Juan y el bajoncillo

La primera de las monjas mencionadas por Diego de Sosa en su testamento, Ana de San Juan, era religiosa de velo y coro del convento de la Concepción de Quito. Aparece, sin cargo, en el capítulo de 1615 en el que también figura Joana de San Bartolomé, y en la memoria de las religiosas de velo y coro que se hizo en la elección de abadesa de enero de 161930. Sosa le dejó «el baxonçillo pequeño» porque ella le había dado «treynta y sinco pesos de a ocho en reales por otro que yo le quise a dar nuebo». Ana de San Juan había encargado a Sosa un instrumento y le había entregado los treinta y cinco pesos de su precio.

El nombre de Ana de San Juan aparece también en una de las fuentes musicales del convento. El cartapacio 15 conserva la parte de alto del primer coro de un libro de misas y salmos a ocho voces de Salvatore Sacchi y otros autores, impreso en Roma en 1607. En la página del motete Nos autem gloriari, de Annibale Stabile, figura al pie «Ana de san Juan», tachado, y encima, con tinta más oscura, «san fulgensio»31. En la cabecera se anotaron cuatro silencios de longa y «Primer tiple Sa Sn Diego», también tachado, y a la derecha, sin tachar, «Contraalto». Las tres anotaciones nombran a religiosas de generaciones distintas: Ana de San Juan32, documentada desde 1615; Eugenia de San Diego33, desde 1619; y Lusiana de San Fulgencio34, que profesó en 1633. Los nombres de Ana y de Eugenia están tachados y el de Lusiana no, lo que encaja con asignaciones sucesivas de la parte de alto a distintas religiosas entre la década de 1610 y la de 1630.

Parte de alto del primer coro del motete Nos autem gloriari, de Annibale Stabile, con «Ana de san Juan», tachado, y «san fulgensio» al pie, y «Primer tiple Sa Sn Diego», tachado, y «Contraalto» en la cabecera. Monasterio de la Concepción de Quito, cartapacio 15, p. 26. Fotografía: Francisco Xavier Calle Armijos.

El instrumento que Sosa le dejó a Ana de San Juan, el bajoncillo, era un bajón de menor tamaño y registro más agudo. Los bajones se fabricaban en varios tamaños, como los cuatro del terno que Sosa vendió a las monjas de Riobamba, y el «pequeño» sería uno de los agudos. El bajón era uno de los instrumentos habituales en las capillas de los conventos femeninos35. En el convento de la Concepción de Ibarra, fundado desde el de Quito, el inventario del coro de 1674 registra «dos vajones grandes[,] quatro chiquitos»36. No sabemos si Ana de San Juan cantaba la parte de alto del cartapacio 15 o si la tocaba. En 1607 la catedral de Ávila tenía ya un bajón contralto, y en un requiem de Alfonso Vaz da Costa de mediados del siglo XVII, conservado en el monasterio cisterciense de Santa Ana de Ávila, la parte de tenor podía tocarla un bajoncillo37.

Bajones de distintos tamaños. Michael Praetorius, Theatrum Instrumentorum seu Sciagraphia, Wolfenbüttel, 1620, lámina X. Dominio público.

Regalado: Joana de San Bartolomé y el libro

A Joana de San Bartolomé, Sosa le dejó el libro de tonos y villancicos con una motivación explícita: el bien que ella le había hecho durante la enfermedad. Joana era ya monja de velo de la Concepción hacia 1604 y en 1627 figuraba entre las discretas del convento38. Sosa la llama «monja del dicho convento de la Conçepcion desta ciudad y bicaria del». Calle Armijos propone que la vicaria de coro entre 1619 y 1628 fuera Clara de Santa Cecilia39, pero ambas noticias son compatibles: la vicaria del convento, segunda autoridad de la casa después de la abadesa, y la vicaria de coro eran cargos distintos.

Firmas de religiosas de la Concepción de Quito en un concierto del convento con un canónigo, entre ellas las de Clara de Santa Cecilia y Joana de San Bartolomé, que firma «Juana de san bartolome». Quito, 27 de febrero de 1621, escribano Diego Rodríguez de Ocampo. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Sexta, vol. 32, f. 153r.

En la visita de 1619, el obispo Santillán mandó a «la madre abadesa o vicaria que se hallare en el coro» que, so pena de privación de oficio, «no consienta se canten coplas y chanconetas indecentes con que sescandalizen los seglares que las oyeren». En el margen se resumió la orden: «Se prohíben pesambres y coplas jocossas»40. Lo que el obispo prohibía era lo indecente y lo jocoso, no el villancico ni la chanzoneta como géneros. La prohibición constituye, además, un indicio de que en 1619 el convento ya cantaba coplas en lengua romance.

Sosa distingue el libro, «aforrado en pergamino», de «los demas papeles de musica sueltos y cartapacios», que deja al maestro de capilla. La cubierta de pergamino protegía una colección encuadernada, separada de los demás materiales musicales que poseía. Pudo ser un manuscrito o un conjunto de cuadernillos que Sosa hubiera reunido y hecho encuadernar41.

La expresión «tonos y villancicos» con la que Sosa se refiere al contenido del libro acepta dos lecturas: una en la que todo el contenido sería de temática religiosa (los tonos son tonos a lo divino) y otra en la que el libro mezclaría villancicos religiosos con tonos humanos de temática profana. De ambas tipologías hay ejemplos en libros y cartapacios de los siglos XVII y XVIII procedentes de monasterios tanto masculinos como femeninos42.

El libro no se ha identificado entre los diecisiete cartapacios que constituyen el fondo de música barroca de la Concepción de Quito, ninguno de los cuales contiene obras en castellano. Sí se conserva un libro de música en castellano del desaparecido convento de la Concepción de Ibarra, que fundaron en 1672 religiosas de la Concepción de Quito, entre ellas Catalina de San Pedro, «La Garapiña»43. Con ellas viajó también repertorio: una Salve de La Garapiña aparece citada tanto en la cubierta del cartapacio 3 de Quito como en un cartapacio de Ibarra44. Sin embargo, el libro de Ibarra, hoy en el Archivo de la Diócesis de Ibarra, reúne obras fechadas entre 1680 y 1719 y no puede identificarse con el de Sosa45.

El testamento documenta en 1623 la posesión de un libro de tonos y villancicos y la voluntad de entregarlo a una religiosa de la Concepción de Quito. Su recepción y uso en el convento quedan fuera de lo que sabemos.

Coda: los libros del escribano

El escribano ante quien Sosa dictó estas disposiciones conocía también el valor profesional de la música. Álvaro Arias, que además de escribano fue receptor de la Real Audiencia de Quito, daba fe en la ciudad al menos desde 160946. En su testamento de 1635 declaró que no había heredado bienes y que sus conocimientos de música y órgano le habían servido durante un tiempo para ganarse la vida. La frase resume una trayectoria: la música fue el recurso de un joven sin hacienda, y la escribanía primero y la receptoría después le permitieron dejarla. Entre sus bienes enumeró dos libros de música en cifra de órgano y otro de música de iglesia, hechos con su «trabajo y ciencia que Dios me dio» y que «se podran vender»47. Arias hablaba con orgullo de unos libros que representaban el trabajo y el saber con los que se había ganado la vida. En Sosa, la encuadernación que protegía el libro y su elección como regalo para Joana permiten reconocer también un aprecio especial. Ambos reservaron en sus testamentos un destino para esos bienes ligados a su experiencia musical: el libro de Sosa expresaba el agradecimiento por la ayuda recibida durante la enfermedad; los de Arias debían venderse y sumarse al patrimonio de sus herederos. El contraste muestra cómo los libros de música podían reunir valor profesional, económico y personal.

Testamento de Álvaro Arias: los libros de música en cifra de órgano y de música de iglesia, y la declaración de que la música y el órgano le habían servido para ganarse la vida. Quito, 10 de febrero de 1635. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 101, ff. 120r-120v.

Conclusiones

El testamento de Diego de Sosa vincula la actividad de un ministril de catedral con los medios de que se servían los conventos para adquirir instrumentos, formar a sus músicas y hacerse con repertorio. Las escrituras de Puebla y las actas capitulares de México y Puebla documentan su paso por dos catedrales novohispanas, y el testamento, sus tratos con las concepcionistas de Riobamba y Quito. En ellos, las religiosas obtuvieron del ministril lecciones, instrumentos y un libro de música por tres vías distintas: la contratación, la compraventa y el agradecimiento.

En esos tratos las religiosas actuaron como contratantes, compradoras y benefactoras: la comunidad de Riobamba concertó las lecciones y compró el terno de bajones, Ana de San Juan pagó por adelantado el instrumento que había encargado y Joana de San Bartolomé prestó ayuda al músico durante su enfermedad. Sosa figura en el testamento a la vez como deudor y como acreedor. Al testar debía dinero en Quito y en Puebla y tenía ropa empeñada, mientras el convento de Riobamba le debía ochenta pesos. Su caso muestra que el salario y los ingresos complementarios podían convivir con deudas y empeños, aunque un solo testamento no basta para atribuir una misma condición económica al conjunto de los ministriles.

El libro de tonos y villancicos marca el alcance y los límites de la documentación notarial. Sabemos que en 1623 Sosa poseía una colección encuadernada en pergamino y que quiso destinarla a la vicaria de la Concepción de Quito, pero desconocemos su contenido, su procedencia y su uso en el convento. Como no se ha identificado entre los cartapacios de la Concepción, la única noticia de su existencia es el testamento.

Apéndice documental

Se respeta la grafía, la puntuación, el uso de mayúsculas y la división en líneas del original. Cada línea del manuscrito ocupa una línea de la transcripción. Las abreviaturas no se desarrollan y las letras voladas van en superíndice. Solo se regulariza la separación de palabras. Se conservan sin indicación las incorrecciones y discordancias del original. El texto anulado por el escribano va entre ⟦ ⟧. Las lecturas dudosas llevan [?], volado si se trata de un signo volado que no se ha podido leer. Se reproducen los subrayados del original.

Testamento de Diego de Sosa

Quito, 3 de junio de 1623. Ante Álvaro Arias, escribano de Su Majestad

[Fol. 427v]

[Al margen izquierdo: testamto do de sosa] [En la parte superior: †]

En el nombre de dios todo poderoso – sepan
quantos vieren esta carta de testamto ultima y pos
trimera voluntad vieren como yo diego de sosa
reside en esta ciudad de san franco del quito del
piru natural de la billa de bersocana jurion de
la ciud de trugillo en los reynos de españa
hijo ligitimo de franco de sosa y maria ferz su
muger. naturales de la dha billa y ya[?] difuntos
estando como estoy enfermo de la enfer
medad q dios nro sr a sido servido de me
dar pero en mi seso memoria y entendimto [?]
creyendo como creo el misterio de la santma
trinidad padre e hijo y espiritu santo tres per
sonas y un solo dios verdadero y todo aquello
que cree y confiesa la sta yglesia de roma y
debaxo desta proteston quiero bivir y morir como
fiel y catolico xpiano poniendo por mi yn
tersesora a la serenisma prinçesa reyna de los
angeles santa maria madre de dios y señora
nra hago y ordeno mi testamto en la manera
sige
Primeramte encomiendo mi alma a dios
nro sr que la crio y redimio por su preçiosa
sangre y el cuerpo a la tierra de do fue formado
mando que siendo dios nro sr servido de me
llebar desta preste bida mi cuerpo sea sepul
tado en la yglesia catedral desta ciud y acom
pañen mi cuerpo el cura y sacristan della y cruz
alta y siendo ora de misa se me diga una

[Fol. 428r]

cantada de cuerpo prese con diacono y subdiacono y [?]
vigilia por ello y se pague la limosna dello
de mis bienes
a las mandas forçosas a cada una dos rles y con esto
las excluyo de mis bienes
declaro que soy soltero y no subjeto a matrimo
declaro que yo sali de mi pa muchacho de poca
edad y teniendo notia que mis padres por su
fin y muerte dexaron no se que bienes muebles
y raises de casas heredades y viñas y por no tener
los dhos otro hijo heredero mas que a mi me per
nece la herençia dellos que constaran por ynven
tario o testamto a que me remito – la qual dha he
rençia en la cantd que fuese yo la tengo renun
çiada en la puebla de los angeles y alla estube en
joan ximenes natural de la dha billa de bersocana
por dosientos patacones que me dio de que entre
ambos se hiso escrita de dha renunon y le di poder
para la cobrança ante escrivo de aquel lugar a que
me remito – quiero y es mi voluntad que aquello
se cumpla y de nuebo ratifico siendo neso la
dha renunon ⟦siendo neso⟧ la buelbo a hazer de
nuebo segun que en ella se contiene y que se lleve
a devida exon – el poder que sobre ello tengo dado
al suso dho por ser mi primo tercero – y por otras
causas que a ello me mueben
declaro que tengo por mis bienes un baxon y un
baxonçillo y una chirimia y dos cornetas – quiero y
es mi voluntad que el dho baxon grande chirimia
y una corneta se de a la yglesia catedral desta ciud
por dusientos ps que el cabo della me presto – y a

[Fol. 428v]

qta lo que justamte valieren estos tres ynstru
mentos se descuente – y lo que mas fuere a deber yo
quedare debiendo a la dha yglesia se descuente – de
los dos meses que ⟦[?]⟧ ocupe de ministril en ella confor
me al consierto y asiento que conmigo esta fho
y el baxonçillo pequeño se de a ana de san joan
monja del convento de nra sa de la conçepon desta
ciudad porque la suso dha me dio treynta y sinco
ps de a ocho en rles por otro que yo le quise a
dar nuebo – y la corneta se benda
quiero y es mi boluntad que un libro de musica
que tengo aforrado en pergamino de tonos y bi
llançicos se de a ja[?] bartolome monja del dho convto
de la conçepon desta ciud y bicaria del por el bien
que me a hecho durante el tiempo de mi enferme
dad
quiero y mo que todos los demas papeles de
musica sueltos – y cartapacios que tengo se den
al maestro de capilla de la catedral desta ciudad
franco coronel presvo para el
declaro que tengo por mis bienes un besti
do de paño de castilla negro y traydo ferreruelo y
ropilla – balon de terçiopelo – y otro balon
de terçiopelo negro nuebo – empeñado en ochen
ta ps en el ro miguel sz solmiron de la cate
dral desta ciud que me presto para mis nesesidades
y un corte de chochuelo[?] negro empeñado en
diez[?] ps en do[?] [?] scrivo de provinçia
desta[?] corte
yten un pabellon de rraça[?] nuebo quatro sabanas
de ruan de fardo y traydas – una almohada

[Fol. 429r]

grande con dos coxinillos[?] – un colchon y sobrecama blanca
de algodon – un bestido de paño azul de la tierra
de mescla y traydo calçon ropilla y ferreruelo –
un jubon negro traydo – una caxa de madera
con su llave – una espada – [?] dos y cuellos
nuebos de olan el uno de pte seis anchos y el otro
de pte quatro – con sus puños
declaro que debo a xpoval [?] vesino desta
ciudad vte y quatro ps que me a prestado para
mis nesesidades
declaro que debo sinqta ps de a ocho en reales por
un bestido de terçiopelo negro y jubon de terçiopelado
a un clerigo que no me acuerdo del ne que reside en
la puebla de los angeles – y en la mesa ciudad debo
otros quarenta ps de a ocho en rles a don pedro que
no se el sobrenombre por un [?] que me bendio
declaro que debo a anto de la bega ministril
que reside en la puebla de los angeles treynta
o quarenta ps de una fiança que hiso por mi
yten debo al cano joan de quiros diez ps patacones
que me presto para mis nesesidades
yten debo a franco coronel presvo maestro de capilla
de la catedral desta ciud dose ps
declaro que yo me consierte con el convento de monas[?]
de la conçepon de la billa del villar don pardo para
dar licion a quatro monjas de aquel convento y enseñarlas
a tañer baxones tiempo de dos meses por quaren
ta patacones cada mes – y asimesmo bendi al
dho convento un terno de baxones que fueron
quatro ynstrumentos tiple contraalto tenor y baxo
en çiento y ochenta ps y a quenta de lo uno y otro
me dieron y tengo reçebidos çiento y quarenta ps

[En el margen izquierdo, ante las líneas 8, 11, 17, 20, 22 y 24: señales de visto (✓)]

[Fol. 429v]

de a ocho en reales como pareçera por el consierto
y cartas de pago a que me remito – y les di licion
a las dhas monjas un mes antes o mas que me vine[?]
y a esta qta me debe el dho convento ochenta ps que
se cobren del
nombro por mi universal heredero y por al
baçea a pedro de torres montero porqe a quien[?]
e tenido mucha amistad ⟦por⟧ y que emos sido a
migos al qual encargo y ruego que pague
de mis bienes las deudas que debo – y en qto
a haser bien por mi alma se lo dexo y remito
y lo que hiçiere por mi descargo [?]
[?] – y le prorrogo el año del albaçeaz
go – porque yo no tengo herederos açendientes
ni deçendientes – y anulo y rebooco otros
quales quier testamtos o codlos[?] que antes
de este oviere fho y poderes que para ello
aya dado y solo quiero que balga este por tal
mi testamto ultima y postrimera boluntad en
aquella bia y forma que mejor a lugar de dro
y asi lo otorgo y lo firmo ante el preste scrivo de
su magd y tos de yuso llamados y rogados que es fho
en la ciudad de quito del piru[?] a tres del
mes de junio de mill y seisços y beynte y tres
años y el otorgte a quien yo el scrivo de su magd doy
fee conosco lo firmo – va tdo[?] siendo neso / no vale /
endo / ocupe
declaro yo el dho otorgte que debo a seban rodri
guez boticario las medeçinas que en mi enferme
dad a dado para me curar y al boticario del ospi
tal las que constare aver me dado y les ruego

[Fol. 430r]

moderen el preçio dellas por la nesesidad y pobre
za que tengo – y lo que fuere se les pague de mis bienes
y asi lo otorgo siendo ts alonso diaz de almendariz
y tomas martines del escobar – y germo perez roso
y joan rubio y joan de arcos vs y ress en esta
ciudad – mas en mo / [?] /

[Firmas y rúbricas:]

Dio de Sossa[rúbrica]

ante mi
alvaro arias
scrivo de su magd

[Sigue en el mismo folio un poder de Antonio Falcón de Santana a Cristóbal de Córdoba y Leonardo Enríquez de Leytón, que no se transcribe.]


  1. Testamento de Diego de Sosa, Quito, 3 de junio de 1623, escribano Álvaro Arias. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 67 (1623-1624), ff. 427v-430r. En las citas se desarrollan las abreviaturas y se respeta la grafía; la transcripción diplomática del testamento va en el apéndice. ↩︎

  2. En enero de 1620, cuando vendió en Puebla la herencia de sus padres, Sosa decía que era «menor de veinte y cinco años y mayor de veinte», Venta de la herencia de Diego de Sosa a Joan Ximénez, Puebla de los Ángeles, 25 de enero de 1620, escribano Alonso Corona. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 4, Protocolos de 1620, ff. 337r-339v. ↩︎

  3. STEVENSON, Robert: «Music in Quito: Four Centuries», Hispanic American Historical Review, vol. 43, n.º 2 (1963), pp. 247-266; ESTEVEZ MONAGAS, Jesús: «Nuevas perspectivas y documentos sobre la vida musical en la Catedral de Quito (1545-1836)», Resonancias, vol. 27, n.º 52 (2023), pp. 13-40, https://resonancias.uc.cl/n-52/nuevas-perspectivas-y-documentos-sobre-la-vida-musical-en-la-catedral-de-quito-1545-1836/ . ↩︎

  4. CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito e Ibarra: estudio y análisis del repertorio, tesis doctoral, Sevilla, Universidad Pablo de Olavide, 2021. ↩︎

  5. Venta de la herencia de Diego de Sosa a Joan Ximénez, op. cit. ↩︎

  6. El nombre del padre está consignado de igual forma en su testamento y en el documento de venta de la herencia. La madre, sin embargo, figura como María Fernández en el primero y como Florentina Hernández en el segundo. La discrepancia entre Fernández y Hernández es normal dado que en la época ambas formas eran casi intercambiables. La diferencia en el nombre de pila podría deberse a que su nombre completo fuera María Florentina y que cada escribano acortara tomando uno de los dos nombres. Se descarta la posibilidad de que fueran homónimos dada la concordancia de la firma de ambos documentos y la referencia directa de uno de los documentos al otro: «en la puebla de los angeles y alla estube en joan ximenes natural de la dha billa de bersocana por dosientos patacones que me dio de que entre ambos se hiso escrita de dha renunon y le di poder para la cobrança ante escrivo de aquel lugar a que me remito» ↩︎

  7. Agradezco a Omar Morales Abril esta información. ↩︎

  8. Dos homónimos cercanos no deben confundirse con él. Un Diego de Sosa, vecino de Carrión del valle de Atrisco, firmó en Puebla el 12 de enero de 1618, ante el escribano Alonso Corona, una obligación de pago por una compra de plata a plazos pero ni su firma concuerda con la del ministril Diego de Sosa de 1620 y 1623 ni se menciona ningún aspecto que lo pueda identificar con el ministril. Por otro lado, en Quito, el presbítero Diego Lobato de Sosa, hijo del conquistador Juan Lobato y predicador general de los naturales, fue maestro de capilla de la catedral durante el último cuarto del siglo XVI. Información de oficio de los servicios del padre Diego Lobato de Sosa, Quito, marzo de 1602. Archivo General de Indias, Sevilla (E-Sagi), Quito, 48, N. 35. ↩︎

  9. Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México (ACCMM), Actas de Cabildo, libro 6, f. 120, 10 de junio de 1619, en Musicat-Actas de cabildo y otros ramos. Bases de datos de las catedrales de México, Puebla, Oaxaca, Guadalajara, Morelia, Mérida y Durango (en adelante Musicat-Actas de cabildo), registro MEX 86000034, disponible en: www.musicat.unam.mx , fecha de consulta: 22 de octubre de 2026. ↩︎

  10. Archivo del Cabildo de la catedral de Puebla (ACP/AVCCP), Libro de actas de cabildo , 8 de octubre de 1619. ↩︎

  11. ACCMM, Actas de Cabildo, libro 6, ff. 144r-144v, 3 de septiembre de 1619, en Musicat-Actas de cabildo, registros MEX 86000058 y MEX 86000059. ↩︎

  12. Por ejemplo, para la fiesta de la Limpia Concepción que el hospital de Nuestra Señora de la Concepción de México celebraba cada 8 de diciembre, el hospital pagó en 1616 cuarenta y nueve pesos «al racionero Juan Fernandez, maestro de capilla, para los cantores, organista y acolitos». Cuenta de cosas en especie del año de 1615, presentada por el doctor Juan Ruiz Gutiérrez, mayordomo del hospital, relación de 10 de enero de 1617. Archivo del Hospital de Jesús, vol. 141, f. 24r. ↩︎

  13. ACCMM, Actas de Cabildo, libro 6, f. 175r, 13 de diciembre de 1619, en Musicat-Actas de cabildo, registro MEX 86000085. ↩︎

  14. Venta de la herencia de Diego de Sosa a Joan Ximénez, op. cit. ↩︎

  15. Los dos meses de salario pendiente admiten dos interpretaciones: que Sosa se hubiera incorporado a la catedral dos meses antes y aún no hubiera cobrado, o que llevara más tiempo a su servicio y tuviera pendientes los dos últimos meses. El testamento no permite decidir entre ambas. Las relaciones, préstamos y amistades que recoge hacen más verosímil una estancia en la ciudad más prolongada, aunque no fijan la fecha de su incorporación a la catedral. ↩︎

  16. En 1592 el cabildo se concertó con cuatro ministriles, Juan Bautista y su hijo del mismo nombre, Mateo de Arellano y Bernardino Rodríguez: Concierto del cabildo de la catedral de Puebla con Juan Bautista, Juan Bautista el mozo, Mateo de Arellano y Bernardino Rodríguez, ministriles, Puebla de los Ángeles, 1592. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 4, Protocolos de 1592, ff. 1481r-1482r. Hacia 1599 contrató a otros tres, menores de veinticinco años, que firmaron con un curador: Concierto del cabildo de la catedral de Puebla con Pedro y Gabriel Vélez [?] y Pedro de la Torre, ministriles, y su curador, Juan Grande, Puebla de los Ángeles, [enero de 1599?]. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 3, Protocolos de 1598-1599, ff. 355r-357r. Félix de Morales se sumó poco después a ese mismo contrato, en las mismas condiciones: Concierto de Félix de Morales como ministril de la catedral de Puebla, Puebla de los Ángeles, [1598?]. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 3, Protocolos de 1601, ff. 347v-348r. ↩︎

  17. ACCMM, Actas de Cabildo, libro 6, ff. 119v-120r, 10 de junio de 1619, en Musicat-Actas de cabildo, registros MEX 86000033 y MEX 86000030. ↩︎

  18. Para Granada, LÓPEZ-CALO, José: Documentario musical de la Capilla Real de Granada. I. Actas capitulares, Granada, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, 2005, pp. 38 y 41; para Guatemala, noticia de Omar Morales Abril (comunicación personal); para Puebla, ACP/AVCCP, actas de cabildo, 27 de junio de 1606 . ↩︎

  19. ACP/AVCCP, Libro de actas de cabildo 5, ff. 203r-203v, 17 de julio de 1601, y f. 311r, 25 de junio de 1604. ↩︎

  20. Obligación de Bernardino Rodríguez, ministril, y de sus fiadores, Mateo de Arellano y Álvaro de Cobarrubias [?], ministriles, por un adelanto de salario de la catedral, Puebla de los Ángeles, 26 de agosto de 1594. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 4, Protocolos de 1594, ff. 429v-430r. ↩︎

  21. Cien pesos un contralto «para vestirse en hábito decente», un año de salario un racionero músico y medio año un tenor: ACCMM, Actas de Cabildo, libro 6, f. 121v, 18 de junio de 1619; f. 131v, 9 de julio de 1619; f. 137v, 23 de julio de 1619, en Musicat-Actas de cabildo, registros MEX 86000035, MEX 86000045 y MEX 86000053. ↩︎

  22. Venta de unas casas en el barrio de San Andrés de Cholula que fueron de Félix de Morales, ministril, Puebla de los Ángeles, 13 de marzo de 1604, escribano Juan de la Parra [?]. Archivo General de Notarías del Estado de Puebla, Notaría n.º 3, Protocolos de 1604, ff. 505r-506r. ↩︎

  23. ACP/AVCCP, Libro de actas de cabildo 5, f. 125r, 4 de diciembre de 1598; f. , 4 de enero de 1600; f. , agosto de 1603. Para la copia de los Magnificat, ACP/AVCCP, Libro de actas de cabildo 5, f. 286v, citado por MORALES ABRIL, Omar: «Actualización y reelaboración paródica de una lamentación de Cristóbal de Morales realizada por Pedro Bermúdez en el Nuevo Mundo», en MARÍN LÓPEZ, Javier (ed.): Músicas coloniales a debate. Procesos de intercambio euroamericanos, Madrid, ICCMU, 2018 (Música Hispana. Textos. Estudios, 22), pp. 119-132, notas 11-12. Agradezco a Omar Morales Abril la transcripción de estas actas y de las de Puebla que se citan en este artículo, así como sus noticias sobre los ministriles de Guatemala. ↩︎

  24. ACP/AVCCP, actas de cabildo, 27 de junio de 1606 . ↩︎

  25. Sobre la exención o rebaja de la dote a cambio del servicio musical, véanse BAADE, Colleen R.: «“Hired” Nun Musicians in Early Modern Castile», en LAMAY, Thomasin (ed.): Musical Voices of Early Modern Women: Many-Headed Melodies, Aldershot, Ashgate, 2005 y BAADE, Colleen R.: «Two Centuries of Nun Musicians in Spain’s Imperial City», TRANS. Revista Transcultural de Música, n.º 15 (2011), https://www.sibetrans.com/trans/public/docs/trans_15_03_Baade.pdf; para el ámbito andino, VERA, Alejandro: «Coro de cisnes, cantos de sirenas: una aproximación a la música en los monasterios del Chile colonial», Revista Musical Chilena, vol. 64, n.º 213 (2010), pp. 26-43. Para Quito, CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 62. ↩︎

  26. En 1677 el obispo Alonso de la Peña Montenegro dio licencia para admitir como religiosa de velo y coro a Bernarda Coronado de Benalcázar, huérfana de padre y sin medios para pagar la dote, porque «el coro de dicho combento de monxas de la limpia concepsion de esta ciudad esta nesesitado de oficiales musicas y cantoras» y ella «es muy diestra en el organo y […] sabe de conposision». El obispo le rebajó la dote a mil pesos; en 1679, al recibirla, la abadesa y las definidoras repitieron los mismos motivos ante el escribano, y Bernarda profesó con el nombre de Bernarda de la Presentación: Licencia del obispo Alonso de la Peña Montenegro, Quito, 29 de noviembre de 1677, inserta en la escritura de dote y renuncia de Bernarda Coronado de Benalcázar en favor del convento de la Concepción, Quito, [25?] de agosto de 1679, escribano Miguel Pérez de Ortega. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 195, ff. 93r-93v. En el convento de Santa Catalina de Sena de Valladolid (Michoacán), la admisión sin dote de una novicia música exigía además un examen: en 1685 el maestro de capilla de la catedral, Alonso de Vargas, examinó a María Velázquez de Ochoa, que «se a valido de aprender a tocar baxon y cantar a punto de organo», en presencia de la maestra de capilla del convento, y la halló «bastantemente suficiente y diestra asi en lo teorico como en lo pratico»: Diligencias para la profesión de María de San Gerónimo, novicia del convento de Santa Catalina de Sena, Valladolid, 1684-1685. Archivo Diocesano de Morelia (Archivo del Arzobispado de Michoacán), Información matrimonial y negocios diversos, año 1685, leg. 71, exp. 6. ↩︎

  27. CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 45-47. Catalina de San Pedro y Aybar profesó el 30 de abril de 1659 (LPMCQ, ff. 78v-79r). Calle Armijos relaciona «La Chomba» con Mariana de los Reyes, vicaria de coro, porque en la Misa a 12 de La Chomba se anotó «De la Sa bicaria Misa del otavo tono» y «de la reies misa del otavo tono». ↩︎

  28. Visita del obispo fray Alonso de Santillán al convento de la Concepción de Quito, 1619. Biblioteca del Convento de la Concepción de Quito, Libro de fundación del monasterio de la Concepción de Quito (en adelante LFMCQ), ff. 67r-67v; transcrita en CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 366-367. ↩︎

  29. Concierto de Blas de Torres, músico, con el convento de Santa Catalina de Sena, Quito, 5 de abril de 1619, escribano Miguel de la Carrera. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 56, f. 1019v. ↩︎

  30. Capítulo del convento de la Concepción con el arcediano Gaspar Centurión, Quito, noviembre de 1615. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 53 (1615-1616), ff. 786v-796r. Para 1619, CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 52, tabla 15, a partir del LFMCQ, f. 71v. ↩︎

  31. Cartapacio 15 (00042-1.2.26 FA), p. 26. Véase la descripción de CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 166-167. Agradezco a Francisco Xavier Calle Armijos la fotografía de esta página que se reproduce aquí. ↩︎

  32. Aparece registrada en 1619 en el LFMCQ, f. 71v: CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 167. ↩︎

  33. Dos anotaciones en el cartapacio 6 confirman el nombre de religión completo: «Sa Sn diego» y «Sa san Diego». Aparece como religiosa de velo y coro en una memoria de 1619 (LFMCQ, f. 71v), como repistolera en 1628 (LFMCQ, f. 91r) y como escucha en 1647 (LFMCQ, f. 115r): CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 50, 52. ↩︎

  34. La anotación de la portada del cartapacio 3 permite identificar su nombre completo: «Sa. Lusiana de san fulgensio». Profesó con diecisiete años el 10 de septiembre de 1633 (Libro de profesiones del monasterio de la Concepción de Quito, en adelante LPMCQ, f. 9r) y aparece como religiosa de velo y coro en 1648 (LFMCQ, f. 112r): CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 51 y 167. ↩︎

  35. GONZÁLEZ MARÍN, Luis Antonio y MARTÍNEZ GARCÍA, María Carmen: «Fray Manuel Correa y las monjas cantoras», en EZQUERRO ESTEBAN, Antonio y GONZÁLEZ MARÍN, Luis Antonio (coords.): Estudios sobre Recuperación de Patrimonio Musical Histórico. Scripta musicologica en torno a la figura del Dr. José V. González Valle, Valencia, Tirant Humanidades, 2021, pp. 463-490. ↩︎

  36. CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 378, a partir del Libro de fundación del convento de la Concepción de Ibarra, f. 136v. ↩︎

  37. KENYON DE PASCUAL, Beryl: «A Further Updated Review of the Dulcians (Bajón and Bajoncillo) and their Music in Spain», The Galpin Society Journal, vol. 53 (2000), pp. 87-116, en especial pp. 88 y 102. La autora recoge también los bajoncillos que Bartolomé de Selma suministró en 1614 al monasterio dominico de San Blas de Lerma, donde profesaron dos hijas suyas. En Toledo, Teodora de Lozoya, hija de Pedro Lozoya, cornetista de la catedral, entró como bajonista en el convento de Santa Isabel de los Reyes en 1638: BAADE, Colleen R.: «Two Centuries of Nun Musicians in Spain’s Imperial City», op. cit., p. 9. ↩︎

  38. Lista de las monjas del convento de la Concepción, Quito, h. 1604. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, vol. 24 (1604), ff. 81v-85r. Escritura para la entrada de doña Isabel de Aldaz como monja de velo negro en el convento de la Concepción, Quito, 20 de abril de 1627. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Sexta, vol. 36 (1626-1634), ff. 229v-231r. ↩︎

  39. CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 43-44. ↩︎

  40. Visita del obispo fray Alonso de Santillán, op. cit.; CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 366. ↩︎

  41. Si Sosa compiló su libro, pudo ir creciendo en las capillas de México, Puebla y Quito en las que tocó. También pudo incluir obras propias. Aunque la historiografía ha considerado tradicionalmente a los ministriles como meros intérpretes que no componían, hay ejemplos de ministriles componiendo tonos, como por ejemplo algunos de los que aparecen en el manuscrito E-Bbc M/1630 y que son descritos en un artículo en preparación. ↩︎

  42. Del monasterio de Santa Cruz de Coimbra, de canónigos regulares de San Agustín, proceden los cartapacios hoy en P-Cug, que reúnen obras sacras y profanas: ESTUDANTE, Paulo: «História Recente dos Cartapácios da Universidade de Coimbra – Homenagem aos Pioneiros da Musicologia Portuguesa», en EBORAE MUSICA (org.): Escola de Música da Sé de Évora – Conferências, Lisboa, Edições Colibri, 2019, pp. 105-178. El Libro de Tonos Humanos (E-Mn M/1262), una colección de música profana, se compiló en el convento del Carmen de Madrid en 1655-1656: VERA AGUILERA, Alejandro: «Música vocal profana en el convento del Carmen de Madrid: el “Libro de tonos humanos” (1656)», en BOMBI, Andrea, CARRERAS, Juan José y MARÍN, Miguel Ángel (eds.): Música y cultura urbana en la Edad Moderna, Valencia, Universitat de València, 2005, pp. 367-381. El Cancionero de Miranda, con setenta y siete tonos humanos a tres y a cuatro voces, lo compiló a finales del siglo XVII un cantor de la Capilla Real de Lisboa y procede del convento de Nuestra Señora del Paraíso de Évora: HERRERA DE LAS HERAS, Fernando y LAMBEA, Mariano: «Un cancionero polifónico ibérico inédito», Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2023, https://digital.csic.es/handle/10261/339181 . Al repertorio sacro corresponde el libro del convento de la Concepción de Ibarra (1680-1719). ↩︎

  43. CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., pp. 46 y 325. ↩︎

  44. En la cubierta del cartapacio 3 (00024-1.2.9 FA) de la Concepción de Quito se lee la referencia a una «Salve de los Suspiros» de La Garapiña. En el dorso de la portada del cartapacio del tiple del primer coro del V Libro de motetes del tiempo de San José, sin signatura, en el Archivo de la Diócesis de Ibarra, se anotó «La Salve de La Garapiña de San Pedro»: CALLE ARMIJOS, Francisco Xavier: Música barroca en los monasterios de la Concepción de Quito, op. cit., p. 46. ↩︎

  45. El libro de Ibarra contiene piezas de fray Manuel Blasco compuestas durante su etapa como maestro de capilla de la catedral de Quito, iniciada en 1682, y copiadas por Blas Méndez Arellano para las monjas de Ibarra. Incluye también obras procedentes de la catedral de Lima y villancicos de Durón, Gala y Vermell, de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Se trata de un fondo distinto del de la Concepción de Quito. ↩︎

  46. El volumen 36 de los protocolos de la Notaría Primera de Quito lo comienza Diego Luico de Mendaño en mayo de 1608. Tras el folio 296 de octubre de ese año se incluye una separación a partir de la cual, ya en 1609, se hace cargo Arias. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, Protocolos, vol. 36. ↩︎

  47. Testamento de Álvaro Arias, Quito, 10 de febrero de 1635, escribano Diego Bautista. Archivo Nacional del Ecuador, Notaría Primera, Protocolos, vol. 101 (1635), ff. 118r-123v. ↩︎

Cómo citar este artículo

Herrera de las Heras, Fernando: "Debido, vendido, regalado: el testamento de Diego de Sosa, ministril, y la música de las monjas de la Concepción de Quito (1623)". Humano y divino (ISSN 3138-0085), vol. 3, art. 5 (2026). https://doi.org/10.5281/zenodo.23961487

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